Verano de 1768. En Deptford, a orillas del Támesis, un teniente todavía desconocido toma el mando de un viejo carbonero rebautizado Endeavour. Su misión guarda dos secretos: observar, al otro extremo del mundo, el paso de Venus por delante del sol, y buscar el continente austral que se cree oculto en los mares del Sur.
Desde el Canal de la Mancha hasta el Cabo de Hornos, el Endeavour afronta la desconfianza de un virrey en Río de Janeiro, el frío mortal de Tierra del Fuego y las tempestades del extremo sur. Luego aparece Tahití, con sus lagunas, sus jefes y esos hurtos de objetos que exasperan a los ingleses. El 3 de junio de 1769, bajo un cielo sin nubes, Venus se desliza por fin sobre el disco del sol.
Pero la verdadera aventura empieza después. Guiado por Tupaia, sacerdote y navegante tahitiano, Cook pone rumbo al sur, hacia lo desconocido, hasta que una costa nueva se alza en el horizonte: Nueva Zelanda. Allí, los primeros pasos se tiñen de sangre, y cada bahía reserva su propia prueba.
Este primer tomo del diario auténtico de Cook conduce al lector, día tras día, hasta la orilla de Mercury Bay, donde la astronomía y la conquista se dan cita. El resto del viaje espera, más allá del horizonte.
Este viaje no es una simple expedición de descubrimiento: es una misión científica encargada por la Royal Society y el Almirantazgo británico, una de las primeras empresas de cooperación científica internacional, ya que la observación del tránsito de Venus debía permitir calcular la distancia exacta entre la Tierra y el Sol. A bordo, el naturalista Joseph Banks y el botánico sueco Daniel Solander recogen una cosecha científica sin precedentes, mientras el astrónomo Charles Green apunta sus instrumentos hacia el cielo austral.
El texto que se sigue aquí es el diario personal del propio Cook, redactado día a día a bordo del Endeavour, mucho antes de los relatos retocados y embellecidos que el editor John Hawkesworth publicará en 1773 para el gran público. En él se encuentra la voz directa de un marino minucioso, más atento a los rumbos, a los vientos y a los hombres que al efecto literario, lo que convierte esta obra en una fuente de primera mano sobre los primerísimos contactos entre europeos y pueblos del Pacífico, tanto en Tahití como en Nueva Zelanda.
Primera reescritura integral moderna para el lector de hoy, que hace legible este testimonio sin traicionar nada del viaje. 20 ilustraciones originales y mapas rediseñados permiten seguir el itinerario, mientras que un aparato de referencias (glosario, cronología, índice, para saber más, nota del editor, posfacio) y una selección de fragmentos del texto original iluminan la lectura.
A mediados del siglo dieciocho, la Europa culta cree haberlo medido casi todo. Ha pesado los astros, cartografiado sus costas, ordenado las plantas y los animales en largas tablas razonadas. Una sola mancha resiste todavía, inmensa, en la parte baja del globo: el océano Pacífico, esa extensión tan vasta que ninguna travesía la agota, y donde se supone, para equilibrar las tierras del Norte, la existencia de un continente austral poblado y fértil. Los gabinetes de Londres, de París y de Madrid lo sueñan cada uno para su rey. Encontrar esa Tierra del Sur sería duplicar un imperio con un solo golpe de sonda. A esa codicia se suma, en 1769, una ocasión que el cielo solo ofrece dos veces por siglo: el paso del planeta Venus por delante del disco del Sol, fenómeno cuya observación, llevada a cabo desde varios puntos de la Tierra, debe entregar por fin la medida exacta de la distancia que nos separa de nuestra estrella. La Royal Society de Londres quiere su observatorio en el corazón del Pacífico. El Almirantazgo, por su parte, quiere su continente. De esos dos designios, uno declarado y el otro mantenido en secreto, nace la expedición del Endeavour.
Próximamente en Amazon